Entre la artesanía y el arte, una historia de perseverancia
Juan Alberto Soto Miranda es un ejemplo de una búsqueda tenaz por acercarse al arte desde un lugar plagado de obstáculos. Desde las necesidades propias de la supervivencia hasta los obstáculos para ingresar a la formación académica.
A lo largo de un itinerario sumamente tortuoso, ha conseguido trabajar de manera sobresaliente la pintura, el repujado en cobre, cerámica en alta y media temperatura, fundición en cera perdida, escultura monumental en lámina de fierro y de concreto armado, entre otras técnicas especialmente complejas y ha logrado a base de perseverancia e investigación descubrir una nueva técnica.
Pero ese dominio tuvo que gestarse en los inicios dentro de una búsqueda entre la precariedad y la inquietud artística. Así, nos comenta que, desde su niñez, como algo inherente a su persona, buscó trabajar en el arte. Que fue tanta su insistencia que tuvo que salir de su natal Senguio, Michoacán, donde se vio obligado a realizar muchas y variadas actividades para subsistir dada una apremiante situación económica. Por ello se trasladó a la Ciudad de México. Ahí, su primer contacto con el arte fue en el taller de orfebrería llamado “La Angelopolitana”, buscaba como aprender una actividad relacionada con el arte que anduvo en varios talleres donde fue adquiriendo conocimientos técnicos en dibujo, repujado de metales, entre otros, pero sin poder realizar su sueño: estudiar en una escuela de arte, porque tenía que trabajar para poder subsistir.
Esa idea se vería fortalecida por algunas influencias iniciales importantes. En ese entonces buscaba alguien que lo guiara para involucrarse completamente en el arte. Así, en su andar, se encontró con un maestro, de nombre Federico Cantú, pintor, muralista, escultor y grabador. Estuvo colaborando en su taller y en ese tiempo, el maestro Cantú lo orientaba y le daba clases esporádicas de dibujo, pero, le aconsejó que necesitaba asistir a una escuela para no andar de un lado a otro en busca de aprendizaje y él mismo lo llevó a la escuela de artes plásticas “La esmeralda”.
Obstáculos para una formación académica
Sin embargo, no corrió con tanta suerte porque el acceso al taller libre de la una escuela de artes plásticas había desaparecido y para inscribirse en la escuela como requisito, le pidieron la preparatoria cosa que no cumplía, pero era tanto su terquedad que estuvo asistiendo en contra de los reglamentos de la institución.
En ese tiempo, hizo amistad con otro maestro, el escultor José Luis Ruiz quién a escondidas lo metía a clases como oyente, pero a los maestros les molestaba porque le decían que les iba a causar problemas por dar clases a alguien de su condición. Era tanto el deseo de aprender que a diario se metía a clases pero igualmente, a diario lo sacaban, sus compañeros de salón al ver esta situación, se solidarizaron con él y presionaban a los maestros para que lo dejaran estudiar, incluso, estaban dispuestos a generar un conflicto a los maestros y a la escuela si no lo dejaban estudiar, pero fueron tantas veces las que lo sacaron que no recuerda cuántas, me decía, hasta que recurrieron a la seguridad de la escuela para expulsarlo y finalmente desistió de ingresar a estudiar y continuó su búsqueda de un lugar para aprender.
Encuentros fugaces, influencias prolongadas: Con David Alfaro Siqueiros, Alfredo Zalce
Ya en 1972 conoció al pintor y escultor Gelsen Gas, colaborador del maestro David Alfaro Siqueiros y le comentó que el maestro requería de nuevos ayudantes y de inmediato se trasladó a su taller, ubicado en ese entonces, en la calle Tres picos No. 29 de la colonia Rincón del Bosque por el rumbo de Polanco. Cuando llegó lo hicieron esperar para poder hablar con él ya que había salido de su taller, se distrajo un poco y en algún momento sintió la presencia de alguien que se acercaba y era nada más y nada menos que el maestro David Alfaro Siqueiros, un personaje de fuerte personalidad, lo impresionó mucho, me dijo.
En ese momento, se acercó y el maestro le preguntó qué quería, le dijo iba de parte del maestro Gas y le preguntó que le había mandado, le dijo que a él, que tenía aspiraciones de aprender a pintar, le preguntó el maestro Siqueiros qué clase de pintura le gustaría aprender, le contestó que la pintura de caballete, hasta ese momento no daba crédito como es que estaba con un gran artista.
El Maestro Siqueiros se quedó pensando y le dijo mira, la pintura de caballete y el muralismo son como dos arquitectos. El pintor de caballete hace casitas y el muralista hace palacios. Para enseguida decirle que en su taller no hacía ese tipo de pintura y que estaba trabajando en hacer reproducciones de fragmentos del Polifórum que recientemente había terminado. Sin embargo, lo invitó a pasar a su taller y le mostró el trabajo que tenía que realizar y le preguntó que si podía hacerlo a lo que dijo que sí, al final le llamó y le dio 20 pesos y le dijo “Ten por tu viaje”, el aprendiz de pintor se sintió el hombre más afortunado, se sintió emocionado, motivado, eufórico, porque había encontrado al fin a la persona de sus sueños, alguien que lo enseñaría a pintar.
Pasado algún tiempo el maestro Siqueiros se le acercó y le preguntó qué diferencia veía entre la pintura de caballete y el muralismo, no supo qué decir y sólo contestó que apenas era un aprendiz, le hizo un comentario que lo sorprendió diciéndole que la pintura de caballete, la escultura de banco giratorio y los grabados numerados, eran creaciones en la intimidad, destinadas únicamente a la intimidad de los hogares ricos, denominada como arte doméstico y que esta corriente venia de la Escuela de París, algo que no entendió hasta tiempo después y ese fue uno de los últimos encuentros que tuvo con el maestro.
Recuerda con tristeza que el Maestro se encontraba algo enfermo a parte de su avanzada edad y ya no lo vio pintar, un día que recuerda con nostalgia, fue cuando su esposa del Maestro Siqueiros, la Sra. Angélica Arenal, le comunico que ya no era posible que continuara en el taller, para él fue algo frustrante y doloroso al ver que sus anhelos de aprender a pintar con un Maestro de esa talla se derrumbaban.
Ya a finales de los 70’s el maestro Juan Soto se inició en el modelaje de la cerámica y con esta técnica aprendió escultura y decoración de cerámica. El encuentro con esta técnica fue algo muy importante me dijo, ya que pensaba instalar un taller de su propiedad. Pero como algo fortuito en este taller, conoció a otro gran personaje, al maestro Alfredo Zalce, ya considerado un símbolo histórico del arte mexicano y del mundo, un artista con gran versatilidad por su manejo en el diseño y grandes técnicas.
Me comentó que al lado de este gran maestro perfeccionó y aprendió otras técnicas, el simple hecho de verlo trabajar era como tomar una clase en una de las mejores academias de arte, emocionado me expresó el maestro Soto, fue un gran momento de mi vida ya que el trabajar en su taller durante casi 20 años, remedió muchas frustraciones y tropiezos en mi búsqueda del aprendizaje, me dijo finalmente.
La lucha por la subsistencia y una inquebrantable perseverancia: En su taller de Cerámica
En el año 2002 inicio un taller de Cerámica de alta temperatura en su tierra natal, actividad que requiere de tiempo completo, según sus comentarios, la cerámica de media y alta temperatura es una técnica milenaria que requiere de un alto grado de control técnico, más sin embargo a base de perseverancia y de una incansable lucha ha conseguido avances significativos en el diseño y decoración de sus piezas de cerámica.
El Maestro Soto tiene muy claro su visión en el arte de la cerámica, que según su expresión es estar a diario en la búsqueda de nuevas formas y diseños para lograr hacer diferencia.
Propuestas frustradas y un nuevo comienzo
Para el año 2013 un grupo de funcionarios del gobierno estatal en turno le propusieron una exposición en el marco de la feria de Morelia, es ese momento no contaba con gran cantidad de piezas para exponer, sin embargo esta propuesta lo motivo para retomar varias de las técnicas que había desarrollado en su estancia con el Maestro Zalce y a través de su andar por el mundo de las líneas, entre las cuales se destacan la pintura, la escultura monumental en lámina de fierro, el repujado en lámina de cobre, el grabado en punta seca, la intarsia y más importante aún el descubrimiento de una nueva técnica llamada “papel con relieve”.
Fueron poco menos de un año de arduo trabajo con el objetivo de llegar a la fecha con una buena cantidad de piezas que pudieran enriquecer la exposición, se llegó a proponer en hacer una escultura monumental de 15 metros que se quedaría en el recinto ferial según me dijo. Sin embargo, unos meses antes de la fecha acordado, problemas dentro del gobierno ocasionó que la propuesta se cancelara, lo que lo lleno de frustración me dijo.
No todo estaba perdido, ya que lo más importante que le dejo esa propuesta fue que retomo muchas de las técnicas y fueron materializadas. En el 2015 después hacer algunas pinturas de pequeñas dimensiones con técnicas como acrílico sobre tela y pasteles, decidido iniciar con un profundo anhelo que llevaba guardado desde su juventud “una pintura mural” y selecciono uno de los temas que más lo apasionan “El arte y la historia prehispánica”.
Desde hace más de 10 años la mayor parte del tiempo la ha dedicado en pintar 2 murales de este tema, dedicado a la búsqueda e investigación de información para poder realizar la composición de los murales, en ocasiones se le puede ver pintando, en otras leyendo una revista, un libro, viendo algún documental, pero siempre con la mente enfocada en terminar los murales, interponiendo algunas veces su situación económica al abandonar actividades que podrían generarle recursos económicos por conseguir el deseo de exponer sus piezas y mostrarle al mundo algo de lo que puede expresar a través de la pintura.
Colaboración en la semblanza:
Clemente Sánchez Vázquez
Editor de La voz de Michoacán
Sinai Soto Carmona Hijo de Juan Soto